
Son las típicas salchichas frescas cocidas, pero en vez de en vino, en brandy, muy ricas.
Las acompañé con un crujiente de jamón encima de unas patatas cocidas y de brócoli al vapor.
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Tengo el recuerdo de esas viejas cocinas de carbón, en las que también estaban los gatos al calor de la cocina, acurrucados. Creando hogar. Y eso es lo que pretendo con este blog, dejar una puerta abierta a mi hogar, aunque sea un poquitín, que sintáis el olor de los guisos, el del bizcocho casero, que podáis oir incluso el sonido de las voces infantiles y el sonido del chisporreteo de unos calamares a la romana friéndose en la sartén. Sed bienvenidos, vosotros y vuestros comentarios.
uyyyy, qué buena idea y qué sencillo!
ResponderEliminarA mis críos les encantaron y eso ya es todo un récord (la pequeña no come nada, siempre hay que estar luchando con ella), yo creo que estaban más sabrosas que cocidas en vino.
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