lunes, 14 de julio de 2014

Tostas de queso y tomate


Junio siempre fue para mí el mejor mes, era el mes en el que se acababan las clases, la rutina, era la época en el que le quitábamos el corset a la vida y la dejábamos libre... regresábamos a Celorio. Muchas veces íbamos mi abuela y yo abriendo camino, nos adelantábamos a toda la familia y nos acomodábamos en la Bolerona las primeras. Abrir aquel portón de hierro y ver las enormes hortensias y fucsias a los lados de la gran corralada era abrir las puertas del paraiso. Al lado de la puerta principal de dos hojas, estaba aquella lila olorosa, grande, que ella había plantado siendo soltera... y la buganvilla morada que trepaba por el corredor.
Entrabas al portal, fresco, de azulejos de barro cocido y tras un breve pasillo llegabas a la cocina, en la que aún podías oler el carbón. A través de ella, salías a la huerta, un inmenso prado lleno de ciruelos y manzanos asturianos, a los que se accedía por una escalera de piedra bordeada de hierbaluisa... si hay un olor en mi infancia es ese, el de la hierbaluisa, y el frescor de la hierba de la huerta. Podría pasarme horas regresando con la mente a aquella época, a aquellos olores, a aquellas tardes de sol y a aquella abuela de la que dicen heredé su carácter y firmeza; pero al igual que las golondrinas que anidaban en el corredor, igual que las de las rimas de Becquer, ya no volverá y solo me queda la dicha de poder recordar una infancia feliz.

Mi abuela era una de esas personas adelantadas a su tiempo, pese a haber nacido en 1.900; bien podría haber pasado por una persona de mi misma época. Valiente, decidida, tenaz, sabia y a la que le ustaban muy poco las complicaciones. de haber nacido en la época del microondas habría sido una fan incondicional de este pequeño electrodoméstico. En su memoria, ya que dentro de poco cumpliría 114 años, hice estas tostas que a ella tanto le gustaban... aunque ella las hiciera en la chapa del horno de leña.

INGREDIENTES
1Kg de tomates
2 cebollas

Pan del día anterior
Queso de fundir


PREPARACIÓN
Cortamos la cebolla en Juliana sin importar que quede desigual, la ponemos en un recipiente apto para el micro y con un chorrete de aceite de oliva la metemos a máxima potencia unos cinco minutos. Mientras tanto iremos cortando los tomates en cubos. Los juntamos con la cebolla pochada, y añadimos tres cucharadas de sirope de arce Maple-Joe. Cocinamos 15 minutos a máxima potencia.

Pasado ese tiempo pasaremos nuestra salsa de tomate por el pasapurés (con la batidora pierde el color rojo y queda anaranjado)

Cortamos rebanadas de pan y las tostamos, ponemos encima el queso, ponemos al grill unos segundos hasta que se funda y a continuación le pondremos la salsa de tomate por encima.


lunes, 7 de julio de 2014

Macarrones Maika


Los años no pueden ocultar la belleza de sus facciones, la pequeña nariz respingona, los labios aún carnosos, la profunda voz... ha sufrido, ha sufrido la envidia de una ciudad entera, envidiosa de su belleza, de su libertad, de su alegría; Maika es una de esas personas a las que la gentuza se tira al cuello, la típica persona que es calumniada por generaciones enteras y que pasa la "mentira" de ella a sus hijos. La mala gente, los que se divierten echando por tierra a los demás seres humanos, escupen su amargura y su bilis sobre los demás, camuflando sus miserias bajo la apariencia de sonrisas. Maika aún es capaz de hacer girar las cabezas cuando pasa... aunque sea para murmurar mentira tras mentira. 

A Maika la conozco desde hace muchos años, siempre dando de comer y ayudando a animales perdidos, maltratados... dando rienda suelta a ese enorme corazón que tiene. Tomando un café en mi casa, mientras fumaba un cigarro tras otro, me dio esta receta, sencilla pero llena de clase, como ella.

 Quiero a mil Maikas antes que a unos solo de los hipócritas que la injurian.

INGREDIENTES
Pasta de la que más te guste o utilices, yo elegí estos macarrones redonditos 

Salmón fresco, mejor de la parte de la cola, pero puede ser cualquier corte

Una cebolla hermosa
Margarina

Leche Ideal o en su defecto nata líquida e incluso leche
Mucho orégano
Queso para fundir.


PREPARACIÓN
Cocemos la pasta según nos indique el fabricante.

Mientras se está cocinando limpiamos de pieles y espinas el salmón y lo cortamos en taquitos pequeños. reservamos.

Pelamos y picamos en Juliana fina la cebolla y en una sartén la ponemos a pochar junto con la margarina. Cuando la cebolla esté blanda añadimos el salmón hasta que se dore, será ese momento en el que agregaremos un chorrete de leche Ideal y el orégano. Mezclamos bien con la pasta escurrida y servimos acompañando de queso fundido.


jueves, 3 de julio de 2014

Albóndigas de merluza y gambones


No eran las diez de la mañana cuando el timbre de la puerta sonó. tras pagar al mensajero y firmar los consabidos papeles, me entregó el transporting. Y allí estaba él, esa bolita de rizos negros y blancos, con esos ojos llenos de miedo, arrinconado en el fondo de la jaula.
-Bosco- le susurré -te llamas Bosco- y el giró la cabeza intentando comprender el tono y las palabras.

Poco a poco el miedo fue dejando paso a la curiosidad, el silencio de la cocina parecía infundirle ánimos a salir del cajón y por fin lo hizo; sacudió el cuerpecillo agitando las lanas y tranquilo se me acercó, le di de beber y le ofrecí jamón cocido. Una hora más de inspección y la siguiente parada fue la cama de mi hijo. Dormía tranquilo cuando el perro le olió la nariz, despertándolo; Bosco había llegado a casa para quedarse.

Ese día conseguí que Julián comiese pescado sin rechistar.

INGREDIENTES
1 Merluza de kilo y medio más o menos
8/10 gambones
2 Dientes de ajo
1 Cebolla pequeña
Miga de pan
Un chorrete de leche

1 Cebolleta
1 Diente de ajo
Perejil picado
Una cucharada de harina
Vino blanco

Guisantes


PREPARACIÓN
Esta vez lo he hecho con el pescado fresco, pero se puede hacer perfectamente con el pescado congelado.

Retiramos piel y espinas a la merluza, y las cabezas y cáscaras a los gambones. Cubrimos de agua estos restos y lo llevamos al micro 10 minutos, pasado ese tiempo, machacamos todo lo que podamos las cabezas, pieles y espinas y colamos el caldo. Reservamos.

Con la ayuda de la picadora, molemos la carne de la merluza, los gambones, la cebolla y el ajo, añadimos la miga de pan y la leche. amasamos y formamos bolitas que pasaremos por harina, sacudimos para retirar el exceso y doramos en una sartén. Retiramos las albóndigas del fuego y reservamos.

En esa misma sartén pochamos la cebolleta y el ajo restantes, hasta que ablanden, en ese momento añadimos la harina, tostamos un poco y añadimos el vino y el perejil, agregamos las albóndigas y el caldo que hemos hecho hasta que cubra. A unos tres minutos de finalizar la cocción, añadimos los guisantes.


miércoles, 2 de julio de 2014

Tarta de queso y yogur


Montar en la lancha del Puntal y sacar las piernas por fuera de las barandilla era todo uno, la brisa golpeándonos la cara y revolviéndonos el pelo. El olor del aceite de los motores se mezclaba con el del salitre del mar, con el olor del verano. Las gaviotas chillando nerviosas por encima de nuestras cabezas y a lo lejos la península de dunas y playa del Puntal. Mi abuela con su bolsa de esparto, su sombrilla y la esterilla para tumbarse, mamá y mi tía con el capazo enorme en el que llevaban las toallas y bronceadores de todos nosotros y de ellas; éramos una de esas familias numerosas de antes, cuando el tener cinco hermanos no tenía ningún significado religioso adherido a la cifra.

Nunca hubo forma de que ninguno nos estuviéramos quietos en las toallas, cada cual andaba metido en sus aventuras imaginarias por las arenas y orillas del Puntal... hasta que llegaba la maldita hora de recoger, a las ocho de la tarde llegaba la última lancha. Nunca supimos qué pasaría sino la cogíamos, mamá y los adultos nunca quisieron saberlo.

Al llegar a Santander muchas veces teníamos que saltar entre los vagones del mercancías que llegaba hasta Puerto Chico, y yo, la pequeña, iba en busca de mi padre a la cafetería Austriaca, donde jugaba sus partidas de ajedrez, para ir a comer chocolate con churros. Pero esa vez fue diferente, esa vez no hubo chocolate con churros, esa vez compraron una tarta congelada, nuestra primera tarta de queso; desde aquel entonces han pasado muchas tartas de queso por nuestras vidas, pero el recuerdo de aquella primera es imborrable.

INGREDIENTES
500gr de queso Quark 0% grasas
2 Yogures bio sabor vainilla (el sabor es opcional, mi madre lo hace con yogur natural cremoso)
150gr de azúcar

1 Paquete de hojas de gelatina neutra (cola de pez)
Un chorrete de leche entera

Mermelada del sabor que más nos guste, yo aproveché la de la entrada anterior

150gr de galletas
50gr de mantequilla



PREPARACIÓN
En cada paquete de hojas de gelatina, dependiendo de la marca, vendrán unas 12 hojas, bueno, pues separamos siete y las ponemos a remojar en agua fría para que ablanden.

Molemos las galletas y fundimos la mantequilla en el micro. Cuando tengamos las dos cosas hechas colocamos las galletas molidas en un molde desmontable y mezclamos bien con la mantequilla derretida, nos ayudamos de una cuchara para formar la base. Metemos en la nevera para que endurezca un poco.

Mezclamos los yogures con el queso y el azúcar.

Ponemos el chorrete de leche a hervir, cuando entre en ebullición retiramos del fuego y añadimos la gelatina ya blanda y escurrimos, removemos para que se licúe y lo agregamos a la crema de queso y yogur, batimos bien y lo vertemos encima de la base de galletas. Metemos en la nevera para que vaya cuajando.

Ponemos a ablandar en agua fría otras tres o cuatro hojas de gelatina. Dependerá de lo cuajada que os guste la cobertura, por lo que podéis obviar la gelatina si no os gusta la consistencia de la misma.

Más o menos a la media hora, en un cazo ponemos un par de cucharadas de mermelada y un poco de agua (más o menos el culo de un vaso de los de nocilla) en un cazo, removemos para que se licúe la mermelada y dejamos que hierva, en ese momento retiramos del fuego y añadimos la gelatina ablandada y escurrida, removemos para que se disuelva.

Con la ayuda de una cuchara vamos vertiendo la mermelada encima de la tarta, es mejor a cucharadas porque podría levantar el queso y mezclarlo con la mermelada, tiñendo y dejando un poco menos bonita la presentación.


martes, 1 de julio de 2014

Mermelada de kiwi


-Parece que va a llover- dice mi madre -las golondrinas están volando muy bajo- y así es, no falla, cuando las golondrinas vuelan bajo están anunciando lluvia, al igual que mi gato y todos los gatos del mundo, cuando se lavan la cara y pasan la pata detrás de la oreja, cae agua del cielo seguro.

Hoy está orbayando y la temperatura es tirando a fresco, nos reunimos todos en torno a la mesa de la cocina mientras el pan se tuesta en la plancha y el chocolate humea en el cazo. Mamá saca la mantequilla de la nevera y menciona que no se parece en nada a la mantequilla de antes, que con ésta solo comparte el nombre. Claro, es que antes todo era diferente, el pan pesaba y duraba días, la leche era gorda y a marillenta, los huevos costaba romperlos y al mojar la yema había que hacer fuerza... todo cambia, mamá, igual no cambiamos nosotros y eso es lo que nos ancla al pasado, ese pasado que cada vez evocamos más y más.

INGREDIENTES
1/2Kg de kiwis de los verdes
 200gr de azúcar
El zumo de un limón


PREPARACIÓN
Pelamos y cortamos en trocitos los kiwis, los ponemos en un cazo junto al azúcar y al zumo de limón y dejamos cocinar a fuego bajo unos veinte minutos.

Cuando ya estén blandos los trozos de fruta, podremos pasarlos por la batidora o bien machacarlos con el tenedor. Por lo general suelo dejar la mermelada con trozos, sin embargo, la de kiwi, me gusta pasarla por la batidora.


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